divendres, 22 de febrer de 2013

Urkundendämmerung o el mito de la muerte documental

Este es un post valkírico: ¿Hemos entrado en un lento proceso de destrucción del documento tal como lo hemos entendido hasta ahora?

Esta cuestión se está planteando en el mundo del web semántico y las ontologías. La idea de fondo es que la estructura formal de los documentos como garantía de derechos y deberes ciudadanos perderá su sentido a favor de la garantía derivada de sus conceptos. La formalidad en que se representan será secundaria o no servirá para demostrar valores como la fiabilidad o la autenticidad. Ésta no irá intrínsecamente asociada a su representación, sino a la procedencia cierta de los datos. El documento dejará de existir, solamente quedarán sus partes, los datos, las porciones de contenido que se estructuran en un argumento y que se comunicarán como información. Su recopilación será a demanda, no será necesaria su estabilización. Sólo los datos serán enviados, la procedencia y el origen de estos deberá ser comprobada, en esta comprobación residirá la credibilidad de los nuevos sistemas. Aún más: existirán estructuras de conocimiento basadas en redes estables de conceptos o clases estandarizadas que servirán como instrumentos de verificación de las propiedades esenciales de una comunicación de información con intencionalidad jurídica, legal o administrativa.

Pero aun hay más. Desaparecerán los notarios y su modelo de certeza asignada al documento escrito por su mera condición garantizadora. Desaparecerán los registros públicos tal como los entendemos ahora, existirán sistemas de control donde se registrarán el acceso a datos custodiados por instituciones públicas pero también privadas. Estos datos serán objeto de comercialización, de transformación y intercambio. La certeza de los datos se basará en nuevos contratos sociales que acceptarán custodias distintas a las actuales. La custodia podrá ser pública pero también privada. Desaparecerá la confianza basada en documentos administrativos, en la gestión controlada y procedimentada por parte de cuerpos de burócratas. Nuevas estructuras ejecutivas, nuevos poderes y nuevos lobbies comerciales y empresariales centrados en el control, la gestión y la explotación de datos. De hecho nada que no se intuya y nada que no se esté viendo ya en el comportamiento de ciertas empresas ligadas a la redes sociales. La representación es más o menos libre, el contenido totalmente libre, pero la gestión de los datos un valor de negocio de primer nivel. La representación deviene una mera formalidad, un concepto estético, a lo máximo de reconocimiento de origen de plataforma, pero donde la verificación de la autenticidad de la representación y de la verdad de los datos e información pasa a un plano distinto al de los documentos tradicionales.

¿Nos estamos avanzando a los tiempos?¿Se trata de un espejismo?¿Las instituciones que han basado su poder y sus certezas en los documentos verán peligrar sus hegemonías?¿Cómo ejercerán sus estrategias de coerción para mantener el status quo imperante?¿Quién controlará las representaciones estables?¿Quién controlará la capacidad de representar datos, con un control y una gestión monopolística de visores, y quién los custodiará y será garante de su autenticidad?¿Se trata de un mito, de una suposición futura, cómo las que fueron pronosticadas en los años 70 sobre bases lunares estables ya en el año 2000?¿Estamos realmente ante el ocaso de los documentos?

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