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¿Por qué a los archiveros nos toca siempre redactar nuestros convenios?

¿Y por qué los archiveros no entendemos las leyes?¿Y por qué los diplomatistas son excelentes redactores de convenios? Preguntas curiosas que miraremos de responder. Los archiveros no entienden de leyes a no ser que tengan una sólida formación en Derecho. O es así, o su formación, preferentemente basada en estudios históricos, les impide una comprensión adecuada de las leyes. Esa incomprensión les impide interpretar correctamente los corpus legislativos, quedándose siempre con sensaciones de vacío ante las nuevas leyes. La prueba está en que siempre, después de una lectura detallada del texto legislativo, tienen la sensación de que aquella ley es incompleta, que en aquella ley falta algo. 

Creemos que el problema es claramente formativo: la ciencia histórica aproxima a una interpretación a posteriori de unos hechos históricos protagonizados por hombres y mujeres. Aunque existan tendencias historiográficas que lo hayan promulgado, la historia no parece ser una ciencia predictiva. Si la formación ha incluido estudios de diplomática clásica, la de toda la vida, lo normal es que se analice la ley como se analiza críticamente un documento. De modo que, a lo sumo, entenderá su forma, justificará su autenticidad, conocerá su productor, y solo hará una interpretación de la literalidad del texto. Es este último motivo el verdadero handicap de la interpretación de las leyes: sólo ser capaz de entender su literalidad y, ante las habituales ausencias de las leyes, quedarse perplejo de nuevo y considerar que esa ley es otra oportunidad perdida. En cambio, los abogados sólo recurren a la literalidad de la ley cuando les es restrictiva a sus intereses, mientras que analizan, interpretan y combinan distintas leyes para construir un argumento sólido a sus propuestas. A los archiveros esta metodología nos queda lejos. A continuació, la naturaleza positivista de la diplomática clásica, si se ha recibido esta formación, hace el resto: conceptos, abstractos y estáticos. La interpretación en diplomática es un lujo, e incluso para algunos, una herejía. Sólo interpretar la forma del documento, nunca su contenido. Incluso si la formación ha sido en diplomática contemporánea, fundada en los conocimientos InterPARES, la aproximación se puede considerar postpositivista. De modo que aplicar el método y el conocimiento diplomático de tono más clásico para interpretar las leyes puede ser perjudicial, por su aproximación estricta y sin contexto.

En cambio, la diplomática puede, y es, muy útil, para redactar textos normativos y legislativos. El respeto que se da a la forma intelectual del documento, a sus cláusulas y fórmulas, permite la redacción de convenios, normas, reglamentos, e incluso anteproyectos de normas más elevadas, con un nivel de detalle, precisión y pertinencia muy útil. No hay margen a vacíos porque se considera que aquello que aparece en la cláusula es cercano a un marco de "verdad" que querrá transmitir la ley. No ha lugar a cláusulas intencionales, sino a cláusulas de contenido exacto y liberado de ambigüedad. Considerad, si no dáis crédito a la idea que transmitimos, que base formativa tienen la mayoría de archiveros que alguna vez han redactado algun convenio o reglamento: normalmente un ex medievalista con formación en diplomática clásica. Se aceptan estadísticas! A! También hay abogados que redactan convenios, pero cuando el tema es relativo a patrimonio documental, quién los acaba redactando?

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