dijous, 29 de setembre de 2011

Diplomàtica clàssica, Diplomàtica contemporània i Història de la Documentació

En les dues sessions que han donat inici al curs de l'ESAGED d'enguany, en què s'han repassat a grans trets les grans tendències en l'estudi actual de la Diplomàtica, s'ha generat una mica de revolt a l'hora de comprendre el detall de cada una d'aquestes. Per simplificar podem concloure que hi ha tres grans tendències, dues que són estrictament derivades de la Diplomàtica i una que utilitza la Diplomàtica per assolir objetius propis d'una altra ciència. En presento un breu resum de cadascuna.

Així, la Diplomàtica clàssica s'ocupa d'analitzar la forma i avaluar l'autenticitat (o eventual falsetat) dels documents medievals i moderns. La Diplomàtica contemporània s'ocupa d'avaluar l'autenticitat (o eventual falsetat) dels documents de natura jurídica i administrativa de les administracions i empreses de l'actualitat. En tercer lloc l'anomenada Història de la Documentació s'ocupa d'analitzar els documents com a productes socials amb unes funcions concretes en cada moment històric.

La Diplomàtica clàssica més actual continua ocupant-se dels documents medievals però utilitzant noves tecnologies (digitalització, tractament òptic del text, extracció automàtica de dades o descripcions amb esquemes en llenguatge XML). La Diplomàtica contemporània s'ocupa de millorar la qualitat dels documents produïts a l'actualitat mitjançant un estudi detallat de la seva natura, forma i característiques essencials, amb la finalitat de potenciar la seva fiabilitat, usabilitat, accessibilitat ara i a llarg termini. A la vegada protegeix les propietats de la identitat i la integritat documental, que permeten constatar de manera gairebé absoluta l'autenticitat del document. La Història de la Documentació fa història i es concentra en estudiar els documents en diferents èpoques de la història.

La Diplomàtica clàssica s'orienta a posar en valor el patrimoni documental escrit d'antic règim mitjançant un tractament modern i mitjançant la seva difusió via telemàtica. La Diplomàtica contemporània s'orienta a ajudar a la gestió dels documents electrònics i aprofundeix en les mecàniques que han de permetre una preservació estable, fiable i on les seves propietats essencials es mantenen intactes.

Els màxims exponents de la Diplomàtica clàssica de tots els temps poden ser Jean Mabillon, Julius Ficker, Theodor von Sickel, Harry Bresslau, Cesare Paoli, Arthur Giry o Alain de Boüard. En els darrers temps ho han estat Alessandro Pratesi, Giovanna Nicolaj, tots els diplomatistes de l'École des Chartes i, a Catalunya, Pere Puig i Ustrell. A l'actualitat, Georg Vogeler, Theo Kölzer o Michele Ansani han apostat per modernitzar aquesta disciplina.

Pel que fa a la Diplomàtica contemporània cal mencionar a Robert-Henri Bautier, Christopher Brooke, Paola Carucci i sobretot Luciana Duranti que ha fixat unes bases teòriques molt profundes a l'hora de donar resposta a la producció documental de les burocràcies i de l'Administració Electrònica. Heather MacNeil, Bruno Delmas o Caroline Williams en són altres exponents més recents.

La Diplomàtica clàssica s'està modernitzant fins al punt de rebre actualment el nom de Digital Diplomatics. Per altra banda, la Diplomàtica contemporània s'està transformant lentament en una nova disciplina anomenada Digital Records Forensics.

En conclusió, excepte la Història de la documentació que fa ús de la Diplomàtica, la Diplomàtica clàssica i la contemporània mantenen a l'actualitat usos de primer ordre, tant des de l'òptica de la gestió i difusió cultural, com de la gestió i millorament de l'Administració electrònica.

Consell bibliogràfic: SOLER, Joan. "Una diplomàtica pels documents en crisi." Barcelona: AAC, Lligall-32, 2011,  p.42-77. 

diumenge, 25 de setembre de 2011

Documento líquido, Documento-red, Ontología.

Hemos hablados últimamente de documentos que "se disuelven" o incluso de la muerte del documento en lo que es su constatación sólida, estable y física, en lo que es una entidad estructurada. La idea de "red" que plantea el sociólogo Zygmunt Bauman como concepción de "la sociedad" entiendo que es equiparable también a sus productos. Los documentos son productos de información eminentemente sociales y, por lo tanto, pueden acabar siendo considerados como una red de datos que configura una matriz de conexiones con una cantidad esencialmente infinita de posibles usos. Lo que algunos han llamado ontologías. 

El temor de Bauman es que las redes puedan ser tratadas como "desconexiones aleatorias"  donde la cantidad esencialmente infinita sea de posibles "permutaciones". Así pues, aun admitiendo la lenta pero progresiva disolución del documento en beneficio de entidades configuradas por relaciones y conexiones, establecemos dos puntos de limitación que permitan frenar una deriva abierta e infinita: 

(i) Que la matriz sea de conexiones no aleatorias sino pertinentes. 
(ii) Que la cantidad infinita de posibilidades sea de usos para dar respuesta a una cantidad no finita de preguntas o necesidades. 

Ante la realidad de la disolución del documento en una entidad de conexiones pertinentes orientadas a dar respuesta a un número limitado de preguntas ... podemos hablar de documentos líquidos o documentos-red? O olvidamos definitivamente el concepto documento y hablamos simplemente de ontologías? Tiene futuro el concepto de documento?

dilluns, 19 de setembre de 2011

Diplomática para la empresa [III]: El caso del proveedor de firma digital que firmaba en analógico.

En un post anterior hablamos de la diferencia entre Confianza objetiva y Confianza subjetiva. Necesitamos un ejemplo donde se demuestre que la Diplomática puede ser de utilidad a la empresa privada y donde se puedan aplicar estos dos tipos de confianza. Hay un caso recurrente que nos servirá de ejemplo: un proveedor privado de firma electrónica ofrece entre sus productos un set de certificados digitales a una corporación pública; a continuación es incapaz de firmar su propio contrato de suministro con firma digital, y lo realiza con firma analógica. Se produce una paradoja (por no llamarle directamente una sinrazón). 

En realidad no nos encontramos ante un problema estrictamente "legal", sino ante un problema de confianza subjetiva. Si recordamos, la confianza objetiva se fundamenta en tres elementos: información precisa, contrato sólido y regulación coherente. La debilidad de alguno de estos elementos se resuelve con la aplicación de elementos aleatorios, comportamientos y actitudes personales o col·lectivas, ideologías, prejuicios e incluso presunciones. Todos estos elementos configuran una situación de confianza subjetiva, donde los factores de decisión no son ni objetivos, ni concluyentes. La situación de negocio, en un entorno de confianza subjetiva, se intuye a todas luces inestable e insegura.

En el ejemplo planteado, nos encontramos una situación de negocio planteada entre el proveedor de firmas y una corporación pública. Las dos partes están de acuerdo en la demanda y en la oferta. Hay que rubricar el acuerdo: hay que redactar y firmar un contrato. La conformación del contrato escrito se realiza mediante actitudes tradicionales: texto redactado con cláusulas concretas y una forma intelectual evaluada por los distintos servicios jurídicos. El soporte para rubricar el contrato puede ser analógico o electrónico. El contrato es posible en cualquiera de los dos, pero hay que escoger.

El elemento de validación final, la firma, debería ser aceptada en cualquier de los formatos que la ley permite, en este caso, la firma analógica pero también la firma digital avanzada. La regulación pues, permite cualquier de los dos soportes. Aun así, falla la decisión final y se opta por el documento en papel. Se incurre en la paradoja: el proveedor privado de firmas y certificados digitales, firma sus contratos en papel. ¿Que sucede? El contrato es posible, la regulación lo permite ... pero falla la información.

La información de la empresa se basa en la percepción que el sistema judicial no está aún preparado para la aceptación “tot court” de un contrato firmado exclusivamente con firma digital. La información se funda en la percepción inexacta y demasiado difundida de los problemas de garantía en la preservación a largo plazo de contratos firmados electrónicamente. Circula información poco ponderada, opiniones difusas, malas experiencias mitificadas, que llevan a un proveedor privado a no poder cumplir con el producto que él mismo ofrece! En casa del herrero, cuchara de palo … 

El problema pues, es de confianza subjetiva. Existe una confianza objetiva que permite confiar en una regulación determinada y en un contrato perfectamente estipulado. Pero elementos subjetivos imposibilitan una situación de negocio precisa con un residuo documental igualmente preciso y coherente con lo que la empresa ofrece. 

Diplomáticamente, determinar que la validación de un documento firmado electrónicamente, si dispone de un set de metadatos orientado a la autenticidad del mismo, puede ser garantía total de su fiabilidad y legalidad - incluso ante la dificultad de mantener vigentes a largo plazo certificados electrónicos-, no debería ser complicado. Es más, al tratarse la Diplomática de una ciencia que no es estrictamente “legalista” sino teórica e imparcial, puede aportar confianza ante las dudas que la ambigüedad jurídica puedan producir.

Mediante este ejemplo, simplemente afirmamos que: 

1.- La Diplomática debe conocer de las circunstancias subjetivas que rodean una situación de negocio y que pueden o no producir residuo documental. 

2.- La Diplomática puede dar respuestas y constatar suficiente confianza en entornos en que la legislación no sea suficientemente precisa y concreta.

Para finalizar: no hay duda que en casos como éste el sentido común debería imperar, y este es un elemento subjetivo de primer orden pero de amplio consenso. El sentido común dice: una empresa será de confianza si confía en el producto que ofrece. Si no es así, la empresa pierde credibilidad.

divendres, 9 de setembre de 2011

Seguretat psicològica i seguretat física. Equilibri per dotar de fortalesa els sistemes Cloud.

No cal dir que el terme "Seguretat" està de moda en moltíssims dels aspectes de la nostra societat. I més en dies propers a l'11-S. En el nostre àmbit d'estudi hem d'afirmar que és evident que en entorns electrònics és una de les condicions essencials : la seva existència aporta confiança en aquests entorns; la seva absència la fa perdre. Seguretat és doncs, una situació social on interactuen un determinat estat d’ànim (individual o col·lectiu) i la definició d’un seguit de mesures perquè aquest estat d’ànim no sigui negatiu. Així ho detectà l'eminent sociòleg Zygmunt Bauman, que observà l’existència de dues situacions de seguretat diferents - que l’anglès permet diferenciar amb conceptes separats, però que en català i castellà convé diferenciar mitjançant adjectius-. Així, Bauman distingeix entre Security i Safety, o el que seria el mateix entre "Seguretat psicològica" i "Seguretat física."

La Seguretat psicològica (Security) és un estat de confiança i de  sensació de seguretat en un mateix, essent un estat existencial d’ordre no social, tot i que potser provocat per situacions d’ordre social. La Seguretat psicològica és verificable a vegades per la seva absència, que fa que l’estat de confiança minvi d’una base optimista cap a una base pesimista. La Seguretat psicològica inspiraria el que hem anomenat en posts anteriors "Confiança subjectiva".

La Seguretat física (Safety) ve definida com aquella noció de protecció de la integritat física i de les pertinences pròpies de l’individu, que s’exposa constantment a amenaces cap a la seva pròpia persona o cap a les seves extensions. La Seguretat física inspiraria protecció i permetria dotar les persones i els col·lectius d'un estat de "Confiança objectiva".

La realitat ens diu que tant l’una com l’altra s’entrellacen quan ens enfrontem a sistemes complexes, on la protecció física aporta seguretat psicològica a l’individu. L’una no viu sense l’altra, i a l’inrevés. Davant de sistemes complexes, com poden ser els de producció, gestió i preservació de documents digitals, els dos termes poden ser clarament aplicats.

Així la Seguretat psicològica seria aplicable a la confiança que es té en els sistemes d’informació, siguin quines siguin la seva natura, les seves característiques, les seves funcions, les persones que hi interactuen, sempre i quan s’hi demostri l’existència de mesures de Seguretat física.

Mentres que la Seguretat física seria aplicable a la confiança que es té en les mesures de seguretat informàtica, en la criptografia, en la protecció contra ciberatacs, en la pròpia signatura electrònica i contra la feblesa inherent dels sistemes informàtics. 

La Seguretat, per tant, permet un estat de confiança que a l’actualitat varia constantment per la natura dinàmica dels propis sistemes. Uns sistemes que mica en mica - i sobretot amb l’irrupció dels sistemes cloud -, estan derivant d’una situació física a una situació cada vegada més virtual. Ens preguntem si la confiança en aquesta virtualitat - on la seva fortalesa física minva totalment - , s’haurà de basar en principis simplement psicològics? Bé, és evident que caldrà trobar un equilibri entre l'adopció de mesures de seguretat rigoroses i metòdiques, que permetin estar alerta, i un estat d'ànim, tant de persones físiques com jurídiques, d'ordre positiu. Sense aquesta combinació ajustada, la sensació serà sempre de liquidesa, d'inseguretat i d'incertesa. I diplomàticament, sistemes incerts produiran documents electrònics també incerts. I si són incerts, tindrem serioses dificultats per a dotar-los de fiabilitat i autenticitat. Per aquest motiu és important un consens social que accepti aquests sistemes complexes. I perquè existeixi aquest consens caldrà pendre decisions orientades per una confiança de tipus objectiu, on la informació sigui de qualitat, el contracte social signat sigui robust i on la regulació que se'n derivi sigui pertinent.

diumenge, 4 de setembre de 2011

Diplomática para la empresa [II]: Confidence or Trust, una distinción sutil


El artículo de Fran Tonkiss que citamos en nuestro post anterior y que trata sobre los problemas generados en la confianza económica y financiera, aporta una sutil distinción entre los conceptos Confidence y Trust, los cuales suelen ser tratados habitualmente como sinónimos y se podrían traducir como “Confianza”. La distinción - aunque el mismo autor la define como académica e incluso un punto sofista -, es francamente interesante para el mundo de la Diplomática puesto que permite completar los márgenes de su objeto de estudio, es decir, el documento. Y es que hay vida más allá del “documento”, sobretodo en su contexto de producción (contexto más inmediato) y en su contexto social (marco de aplicación), lo hemos afirmados muchas veces. La duda subyacente es si los distintos contextos pueden y deben ser analizados por esta ciencia o son ámbitos de estudio de otras ciencias como la Historia, la Antropología o la Sociología. La distinción de Tonkiss, de todos modos, abunda en algo nuevo alrededor del “acuerdo”, “negocio” o “contrato” que el “documento” estabiliza y que la Diplomática no ha logrado o directamente no ha querido tratar desde sus inicios. De hecho se trata de “algo” que el diplomatista y paleografo Alessandro Pratesi en 1987 contempló como una amenaza real de dispersión en el estudio diplomático y que llegó a bautizar como propio de una “sociología del documento escrito”. En que consiste pues, la distinción de Tonkiss? Cual es este “algo” que Pratesi no concebía como objeto de análisi de la Diplomática? Fran Tonkiss, plantea la existencia de un punto de distinción crucial.

Es indiscutible que para que exista una situación de confianza entre dos partes, debe establecerse algun tipo de relación. Este punto de contacto, este vínculo necesario para que se genere una situación de negocio, se puede fundamentar en elementos “objetivos” o elementos “subjetivos”.

De este modo para aquellas relaciones de confianza que se basan en informaciones objetivas, en regulaciones externas a una situación de mera conducta de negocio o financiera, en acuerdos contractuales y en decisiones racionales y debidamente informadas, el concepto anglosajón más apropiado seria el de Confidence, el cual podriamos traducir en este contexto como “Confianza Objetiva”.[1]

En cambio, para aquellas relaciones de confianza establecidas fuera de este marco de elementos sólidos, que se fundan en percepciones subjetivas, sanciones de tipo moral, en los llamados pactos de caballeros (gentlemen’s agreements) o en el uso de opciones no racionales, el concepto Trust seria el más adecuado; en este caso hablaríamos de “Confianza Subjetiva.”[2]

Así pues, en ausencia de mecanismos de Confidence, es decir, de una información ajustada, de una situación contractual sólida o de una regulación consistente, la situación de negocio suele orientarse a partir de relaciones basadas en la Trust, es decir, en acuerdos guiados por la percepción, por algun tipo de obligación moral o simplemente por vínculos sociales, familiares o acuerdos de tipo oral.

La distinción es académica. No es realista pensar en que existan situaciones puras de negocio donde la confianza de tipo “objetiva” y la de tipo “subjetiva” se manifiesten de manera separada o donde solamente una se pueda verificar. Parece más probable pensar, por ejemplo, en situaciones de confianza “objetiva” que se derivan de aproximaciones “subjetivas”; o en situaciones “subjetivas” que derivan de situaciones “objetivas”; o directamente en situaciones “subjetivas” que no derivan nunca en situaciones “objetivas”. En conclusión, en el mundo real nos encontraríamos con diferentes grados de confianza “objetiva” y “subjetiva” que a la par darían lugar a situaciones reales de negocio. La razón y la intuición juegan a la vez.

Para la Diplomática, que se ocupa de la confianza que generan los “documentos” en las situaciones transaccionales, la distinción de Tonkiss sirve para detectar un paquete de aspectos que en una situación de negocio no tienen porqué generar “documentos”. Ante esta situación, gran parte de la comprensión del negocio que puede aportar la Diplomática queda truncada si viene analizada a posteriori y sólo basándose en lo que llamamos el “residuo documental” de un acuerdo de naturaleza jurídica. A todas luces la Diplomática, si se plantea como ciencia orientada al mero documento y sus circunstancias formales más inmediatas, tiene serios problemas de utilidad en su raiz a los efectos de dar respuesta a problemas actuales. La comprensión del “residuo documental” de una operación de negocio nunca permitirá explicar, por si sola, la realidad de éste. Confiar en un documento como representación de un acto jurídico o de una situación de negocio, no implica en ningún caso ver reflejado en él el relato exacto de lo que sucedió, de la realidad, de la verdad. Aun así, es un elemento consensuado que la representación documental es la estabilización de un acuerdo - el “contrato” propiamente dicho -, que legalmente puede ser atendible por cualquiera de las partes interesadas.

Nos preguntamos si la distinción conceptual planteada por Tonkiss puede ser de aplicación en el vocabulario estricto de la Diplomática, es decir, si podemos, a partir de ahora, confirmar que el punto de distinción subyace en el hecho que la Confidence se sustenta en aquello que queda fijado en un soporte, en un “documento”, mientras que la Trust es aplicable a la confianza basada en acuerdos no configurados mediante “contrato”. Ni la Diplomática ni la Archivística han distinguido tradicionalmente entre los dos conceptos. En realidad han optado siempre por el de Trust, pero sólo definido como el término que verifica las situaciones de confianza “objetiva” descritas por la Confidence de Tonkiss. Se genera una paradoja: Trust puede significar confianza objetiva o confianza subjetiva a la vez!

En Diplomática, la confianza objetiva ha sido tratada de manera extensa por parte de Heather MacNeil, tanto en su brillante investigación Trusting Records, referida a todas las circunstancias de confianza objetiva fundadas en documentos escritos, como en su ensayo “Trusting Records in a Postmodern World”. La construcción de la confianza basada en documentos se verifica a partir de la autenticidad del producto final y la fiabilidad del proceso o método utilizado para su producción. El problema subyace en que en ningún momento plantea la existencia de mecanismos externos al acto de documentación, de modo que no existen pistas sobre como la Diplomática o la Archivística pueden dar respuesta situaciones de confianza subjetiva. 

Así pues, el tratamiento de la confianza subjetiva y su incorporación en el estudio de los contratos, creemos que debe ser la novedad en la ciencia Diplomática aplicada al sector privado y al mundo empresarial con el fin de encontrar argumentos que den respuesta a estas situaciones que no dejan rastro escrito y que pueden ser fundamentales a los efectos de garantizar un acuerdo igualmente auténtico, y sobretodo sincero. Si queremos ayudar a la empresa privada, debemos incorporar el principio (y el control) de la confianza subjetiva a sus situaciones contractuales y de negocio. Esto redundará en una mayor honestidad y compromiso en sus actuaciones, y en una mayor confianza por parte de sus clientes.


[1] Tonkiss, Fran. op. cit. p. 199: “relations of confidence tend towards the side of objective information, external regulations over conduct, contractual agreements, rational and informed decisions”.
[2] Tonkiss, Fran. op. cit. p. 199: “relations of trust tend towards subjective perceptions, moral sanctions, gentlemen’s agreements, non-rational choices”.