dilluns, 29 d’agost de 2011

Diplomática para la empresa [I]: Información, Contrato y Regulación

A raiz de la crisis mundial de deuda pública que hemos vivido este mes de agosto se han vuelto a recuperar ideas - proclamadas desde el principio de la crisis financiera en el 2008, pero un poco abandonadas desde entonces-, como la necesidad de refundar el capitalismo o la de volver a generar confianza en los mercados. Al margen de que cualquier refundación del capitalismo no implicará en ningún caso abandonar el propio capitalismo, sino representarlo de un modo distinto, y que la propia generación de confianza en los mercados es para continuar con el sistema anterior, nos vamos a centrar en la idea de “generar confianza” en los mercados para intentar entender la esencia del propio principio de confianza. 

Y es que para volver a “generar confianza” es evidente que se parte de la presunción de que hay cierto nivel de confianza que se ha perdido y que se quiere recuperar. Si se ha perdido, es que han existido elementos que han aminorado un estado de ánimo optimista. Regenerar la confianza obligará a preguntarse cuales han sido estos elementos de pesimismo y cuales otros son necesarios para volver a un estado optimista. Ya hemos visto que cuando hablamos de Diplomática digital nos estamos preguntado constantemente por una dimensión nueva de la confianza, de orden digital, que permitirá confiar en los productos de información y de derecho que las sociedades produciran. Pensamos que los criterios utilizados para repensar la confianza financiera podrían ser también útiles para pensar la confianza digital. 

Por este motivo hemos seguido la opinión clarividente de la socióloga británica Fran Tonkiss, que puede ser consultada en un artículo titulado “Trust, Confidence and Economic Crisis”[1]. Este se publicó el verano del 2009 y sus conclusiones son aún - y tristemente -, de absoluta actualidad. Ante la pérdida de confianza generada en 2008 por la crisis de las hipotecas sub-prime y el rebentón de la burbuja inmobiliaria, Tonkiss se cuestiona sobre la esencia de la propia confianza para detectar aquello estrictamente esencial que pueda permitir su recuperación. Según la autora existen tres elementos que permiten determinar la confianza financiera: (i) disponer de información, (ii) llegar a acuerdos que se formalizan mediante contratos, y (iii) disponer de una regulación que favorezca los dos puntos anteriores. 

Lógicamente, la crisis de confianza en los mercados se habría generado en primer lugar por la falta de información realista y el abuso de la información errónea, inexacta o difundida con voluntad claramente dolosa; en segundo lugar, por considerar acuerdos mediante contratos confusos, ambiguos o directamente faltos de realismo; y en último lugar, porque las regulaciones de las normas del juego en los mercados financieros, pero también en todas las esferas de negocio de orden capitalista, habrían favorecido la contratación imprecisa y la información ambigua de esta. En este territorio de ambigüedad legal (y también de condescedencia legislativa, porque no decirlo) y de contratación no realista, la especulación y la codicia (pero sobretodo las personas que las instrumentalizan) habrían generado la situación insostenible de los mercados a partir del 2008.

Que soluciones plantea Tonkiss? Pues es fácil intuir que (i) una información más realista, sensata y honesta, (ii) una contratación perfilada y completa, (iii) y una regulación justa y que impida la acción especulativa, deberían permitir una regeneración de la confianza en los mercados financieros y, en consecuencia, en todas las esferas sociales afectadas por la crisis que estamos viviendo en la actualida. Toda esta reflexión viene a cuento por el hecho que una de las necesidades para recuperar la confianza continua siendo la de disponer de un “contrato” sólido, realista y sin ambigüedades, que dé consistencia a cualquier actividad de negocio. Este contrato deberá fundarse en pilares de confianza y un acuerdo donde las diferentes partes en juego tengan clara su posición, intención y beneficio. Diplomáticamente hablando, el “contrato” escrito, tanto en entorno tradicional como en entorno digital, deberá ser fiable, auténtico - o sea íntegro e identificable-, usable y accesible a largo plazo, o almenos durante la vigencia del mismo. Continuar considerando el “contrato” como uno de los pilares de la confianza económica, continua planteando la necesidad de disponer de argumentos, no solamente legales (ya hemos visto que la “regulación” es solo uno de los elementos a considerar) sino socialmente admisibles. La necesidad de un “contrato” sólido requiere un conocimiento activo de sus formas física e intelectual, un respeto por su integridad y una protección sobre sus datos personales y sus valores jurídicos, administrativos y eventualmente históricos. Si la recuperación de la confianza se continuará basando en contratos, la Diplomática continuará teniendo objeto de estudio. Por este motivo creemos que esta situación abunda en la necesidad de ciencias como esta para considerar formalizaciones contractuales ajustadas. La Diplomática, en este sentido, entraria de lleno en la esfera del documento privado y no se circunscribiría exclusivamente en una esfera pública, tal como en los últimos años ha parecido. Es evidente además, que muchos de los elementos que funcionalmente eran útiles para el documento público, quizás no lo sean tanto para el documento privado, y en esto la ciencia deberá adaptarse para demostrar su utilidad. 

Veamos algunos puntos de necesaria adecuación:

(i) No hay duda, por ejemplo, que la orientación a la preservación de la Diplomática de carácter público no parece un elemento fundamental por la orientación fuertemente dirigida al negocio, y no tanto a su memoria, que tiene el documento privado.

(ii) En cambio, considerar la preservación como una estrategia para la reutilización de la información producida por una empresa, debería ser de utilidad.

(iii) Quizás la conservación a largo plazo de todo el residuo documental de una empresa privada no tenga demasiado sentido, en cambio fomentar en fase activa la producción de documentación recapitulativa auténtica (estadística, memoria, balances, etc.) que permita disponer de datos estructurados a largo plazo puede ser de gran utilidad.

(iv) Si a estos datos los dotamos de fortaleza en su metadescripción y en su recuperación, podremos ayudar a su mejor gestión y reutilización. Con una metadescripción orientada a dar consistencia a la autenticidad de estos documentos, aportaremos el valor añadido de la sinceridad de la información que transporta.

(v) En definitiva, considerar una Diplomática del documento privado en fase activa, esfera no tratada nunca por la ciéncia diplomática pero tampoco por la Archivística, y solo en una medida quizás más elevada por parte de la Gestión Documental, deberá aportar elementos de calidad y optimización de recursos a una empresa privada, que, como parece ser por la orientación que estan tomando los gobiernos actuales, debe ser la que refundará el capitalismo, ... aunque sea con soluciones capitalistas.

Así pues, para empezar a definir en qué puede ser útil el conocimiento diplomático en la empresa privada:


(i) Hay que focalizar el objeto de estudio en el “contrato”, es decir, en la naturaleza y en la función del acuerdo, y no en su mera representación;


(ii) Hay que evaluar la formalización del “contrato” en fase de producción y no solamente su resultado;

(iii) Hay que potenciar la generación de valor añadido, potenciando la calidad y el fomento de la honestidad y la sinceridad del propio acuerdo, aportando autenticidad y fiabilidad a sus representaciones.

(iv) Para finalizar, constatamos la utilidad de reorientar en un entorno empresarial la conocida tríada “Contenido, Estructura y Contexto” hacia la tríada “Información, Contrato y Regulación” para facilitar la comprensión de estos conceptos.


[1] Tonkiss, Fran. “Trust, Confidence and Economic Crisis.” Intereconomics, July/August, 2009, p.196-202. Web: http://ideas.repec.org/a/spr/intere/v44y2009i4p196-202.html