Diplomática para la empresa [III]: El caso del proveedor de firma digital que firmaba en analógico.

En un post anterior hablamos de la diferencia entre Confianza objetiva y Confianza subjetiva. Necesitamos un ejemplo donde se demuestre que la Diplomática puede ser de utilidad a la empresa privada y donde se puedan aplicar estos dos tipos de confianza. Hay un caso recurrente que nos servirá de ejemplo: un proveedor privado de firma electrónica ofrece entre sus productos un set de certificados digitales a una corporación pública; a continuación es incapaz de firmar su propio contrato de suministro con firma digital, y lo realiza con firma analógica. Se produce una paradoja (por no llamarle directamente una sinrazón). 

En realidad no nos encontramos ante un problema estrictamente "legal", sino ante un problema de confianza subjetiva. Si recordamos, la confianza objetiva se fundamenta en tres elementos: información precisa, contrato sólido y regulación coherente. La debilidad de alguno de estos elementos se resuelve con la aplicación de elementos aleatorios, comportamientos y actitudes personales o col·lectivas, ideologías, prejuicios e incluso presunciones. Todos estos elementos configuran una situación de confianza subjetiva, donde los factores de decisión no son ni objetivos, ni concluyentes. La situación de negocio, en un entorno de confianza subjetiva, se intuye a todas luces inestable e insegura.

En el ejemplo planteado, nos encontramos una situación de negocio planteada entre el proveedor de firmas y una corporación pública. Las dos partes están de acuerdo en la demanda y en la oferta. Hay que rubricar el acuerdo: hay que redactar y firmar un contrato. La conformación del contrato escrito se realiza mediante actitudes tradicionales: texto redactado con cláusulas concretas y una forma intelectual evaluada por los distintos servicios jurídicos. El soporte para rubricar el contrato puede ser analógico o electrónico. El contrato es posible en cualquiera de los dos, pero hay que escoger.

El elemento de validación final, la firma, debería ser aceptada en cualquier de los formatos que la ley permite, en este caso, la firma analógica pero también la firma digital avanzada. La regulación pues, permite cualquier de los dos soportes. Aun así, falla la decisión final y se opta por el documento en papel. Se incurre en la paradoja: el proveedor privado de firmas y certificados digitales, firma sus contratos en papel. ¿Que sucede? El contrato es posible, la regulación lo permite ... pero falla la información.

La información de la empresa se basa en la percepción que el sistema judicial no está aún preparado para la aceptación “tot court” de un contrato firmado exclusivamente con firma digital. La información se funda en la percepción inexacta y demasiado difundida de los problemas de garantía en la preservación a largo plazo de contratos firmados electrónicamente. Circula información poco ponderada, opiniones difusas, malas experiencias mitificadas, que llevan a un proveedor privado a no poder cumplir con el producto que él mismo ofrece! En casa del herrero, cuchara de palo … 

El problema pues, es de confianza subjetiva. Existe una confianza objetiva que permite confiar en una regulación determinada y en un contrato perfectamente estipulado. Pero elementos subjetivos imposibilitan una situación de negocio precisa con un residuo documental igualmente preciso y coherente con lo que la empresa ofrece. 

Diplomáticamente, determinar que la validación de un documento firmado electrónicamente, si dispone de un set de metadatos orientado a la autenticidad del mismo, puede ser garantía total de su fiabilidad y legalidad - incluso ante la dificultad de mantener vigentes a largo plazo certificados electrónicos-, no debería ser complicado. Es más, al tratarse la Diplomática de una ciencia que no es estrictamente “legalista” sino teórica e imparcial, puede aportar confianza ante las dudas que la ambigüedad jurídica puedan producir.

Mediante este ejemplo, simplemente afirmamos que: 

1.- La Diplomática debe conocer de las circunstancias subjetivas que rodean una situación de negocio y que pueden o no producir residuo documental. 

2.- La Diplomática puede dar respuestas y constatar suficiente confianza en entornos en que la legislación no sea suficientemente precisa y concreta.

Para finalizar: no hay duda que en casos como éste el sentido común debería imperar, y este es un elemento subjetivo de primer orden pero de amplio consenso. El sentido común dice: una empresa será de confianza si confía en el producto que ofrece. Si no es así, la empresa pierde credibilidad.

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