dimarts, 24 de maig de 2011

La deriva de la autenticidad documental

En distintos posts hemos hablado de los requisitos necesarios para constatar la autenticidad documental, la autenticidad de tipo diplomático, que es diversa de la autenticidad jurídica o de la verdad histórica. Para resumir de qué se trata diremos que para delimitar la autenticidad documental debemos constatar primero el origen y procedencia del documento, la identidad de las personas participantes en su elaboración y producción, y la demostración de la integridad de su forma física pero sobretodo intelectual. Origen, identidad y integridad son los elementos fundamentales para demostrar la autenticidad documental, y desde un punto de vista estrictamente diplomático la constatación cierta de "todos" estos elementos permite confiar en la autenticidad del documento. Este sistema es inherente a la existencia de documentos puesto que estos son el registro de la acción jurídica documentada. El sistema goza de una salud inestable con el reto digital pero de una tradición de más de dos mil años.

Con fenómenos como el de Wikileaks, que hemos analizado frecuentemente en este blog, nos damos cuenta de la existencia de una deriva peligrosa en la constatación de la autenticidad. Una deriva propia de la adaptación de nuestras sociedades al reto digital y todas sus incongruencias y temores. Una deriva que requerirá un nuevo consenso o contrato social por el simple hecho que el sistema de certeza jurídica basada en documentos empieza a sufrir, a pesar de la sólida tradición de origen romano. Esta deriva se observa a partir de las siguientes circunstancias:

1.- Origen anónimo: En el caso Wikileaks, la mayoría de documentos filtrados, sobretodo aquellos que deben ser nuevamente representados por estar en bases de datos, no permiten constatar en ningún momento el origen de los mismos. Este origen, además, pervive en el anonimato por la estricta política de seguridad y de confidencialidad que Wikileaks aplica (aunque en algunos casos, por ejemplo el de Bradley Manning, no se haya podido proteger). Esta política no es exclusiva de Wikileaks ni un fenomeno nuevo. Está incluso en el código deontológico del propio periodismo tradicional: proteger el origen de la información. La autenticidad documental de la documentación administrativa, con los nuevos canales de comunicación, puede sufrir esta banalización de sus principios ciertos fundamentados en la forma y en la constatación, como decimos, del origen del mismo. Otro perjuicio provocado por la imposibilidad de reconocer el origen del documento es para la investigación histórica y la descripción archivística: no origen, no posibilidad de reconocer la procedencia, no posibilidad de aplicar el método histórico de análisi. Este método deberá ser transformado o repensado.


2.- Identidades incompletas: No permiten constatar, en segundo lugar la identidad de sus productores, como mucho la del firmante de los documentos en copia simple con representación parecida a la del original en papel o en pdf. Es el caso de los llamados GITMO files, por ejemplo. El firmante, aun así, solo aparece como un nombre que debería ser contrastable con la realidad, elemento que necesitaría de tiempo, pero en ningún caso es deducible la participación de otras personas en la elaboración y gestión de los documentos. Este punto es relevante: las responsabilidades no son exclusivas de la/s persona/s que validan el documento con su firma. Podrían ser imputables a otras personas participantes.

3.- Integridad sólo presunta: No permiten constatar en definitiva la integridad del original. Se trata en la mayoría de casos de copias simples fragmentarias, "tratadas" como es el caso de los Diary Diggs y los War Logs. La integridad de la forma física y, sobretodo, de la forma intelectual de la copia en confrontación a un posible original es como mucho presunta y debería ser verificable con métodos realmente potentes. No considerar la posibilidad de confiar en la integridad documental implica la realidad de documentos realizados con poco atino, de baja calidad, insuficientemente pertinentes e imperfectos. La contingencia de los errores pasará a dominar la producción documental. La debilidad de la integridad dará lugar, cada vez más, a documentos electrónicos débiles en cuanto a su forma intelectual. La multiformidad de las representaciones vía web acabarán por ningunear la propia forma, de modo que la confianza en estas nuevas realidades necesitará de otro tipo de compromisos. La solución europea de la firma electrónica es sólo una de las soluciones posibles y es demasiado parecida a las soluciones tradicionales. Es un modelo antiguo.

Que queda ante la incapacidad de reconocer un origen, de solamente conocer una parte de la identidad de los validadores y de la presencia de una integridad presunta y débil? Que el presunto productor del documento no ponga en duda la autenticidad de los documentos. Cuando Hillary Clinton o el Pentágono no dudaron de la credibilidad de los documentos filtrados, sino que simplemente se limitaron a denunciar su difusión, implícitamente confirmaron la autenticidad de los documentos. Esperar este tipo de constataciones de autenticidad a posteriori, basada en comentarios, opiniones, declaraciones públicas o simples actos testimoniales, necesitará, como hemos planteado al principio, de un nuevo compromiso social.

Este nuevo compromiso deberá confiar en la transmisión segura de datos, en la integridad presunta de las representaciones documentales, en la determinación de origenes robustos (por ejemplo, la disposición de los datos y los documentos en repositorios de confianza), en nuevas personas físicas o jurídicas que certifiquen con sus peritages la autenticidad y fiabilidad de datos y documentos. Hay que seguir pensando en ello porque, aunque dos mil años de derecho romano son muchos, la debilidad del documento electrónico requiere de nuevas estructuras de certeza y confianza.

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