La mal llamada Diplomática Digital

A raiz del post sobre la Diplomática que no lo es, querría hacer alguna consideración más con la finalidad de precisar algun equívoco existente en la actualidad relativo a la Diplomática, a su aplicación en el análisi de documentos electrónicos, y a su presunta invocación para usos actuales.

En primer lugar precisar que la Diplomática Contemporanea existe desde los años 60 y establece el estudio de cualquier manifestación documental de naturaleza jurídica y/o administrativa producida a partir de finales del siglo XVIII. La Diplomática contemporanea no es pues, una novedad. 

En segundo lugar la llamada Diplomática Digital, entendida como una evolución de la Diplomática contemporanea para su aplicación a los documentos electrónicos, nace de los planteamientos de Luciana Duranti a inicios de los años 90 del siglo XX. Su objectivo: dar respuesta a la crisi de la forma y el soporte que provocan los documentos electrónicos. Su planteamiento inicial se desarrolla de manera completa en las tres fases del proyecto InterPARES, 1999-2001, 2002-2007, 2008-2012.

En tercer lugar es importante destacar que en propiedad, en la actualidad, el concepto de Diplomática Digital tiene una doble aplicación: (i) el tratamiento digital de documentación medieval para mejorar su investigación y difusión; (ii) el tratamiento de los documentos electrónicos producidos por la administración pública pero también la empresa privada.

En cuarto y último lugar, hay que tener en cuenta dos posicionamentos clave:

a) La Diplomática que utiliza la legislación vigente para dictaminar si el documento es auténtico o no, no es Diplomática, es simple y llanamente Derecho o Jurisprudencia. En ningún caso está en la naturaleza de la Diplomática la sustitución de la jurisprudencia, pero si puede realizar peritajes sobre la mayor o menor fiabilidad de los documentos producidos.

b) La Diplomática que conoce de la legislación vigente pero que sabe discernir realmente en la forma documental y en el proceso de su elaboración y preservación las propiedades esenciales de los documentos (autenticidad, fiabilidad, integridad, identidad, usabilidad y accesibilidad), es mucho más completa para determinar su valor probatorio. Entiendo que la Diplomática orientada a la preservación de la autenticidad a largo plazo es la verdadera vocación cuando se invoca esta ciencia nuevamente para ser utilizada en la Administración electrónica. La Diplomática, desde este punto de vista, no valora demasiado positivamente la firma electrónica o el resellado de los documentos electrónicos, por poner solo un ejemplo. La verdadera vocación de la Diplomática es analizar posibilidades que redunden en una certificación de las propiedades esenciales y si tiene que investigar otras vias de corroboración distintas a la firma electrónica, lo hace sin complejos. Una Diplomática que solo acompañe la legislación vigente no nos me parece ni ciencia ni útil, solo nos parece la invocación de una ciencia clásica para un propósito que no es el suyo.

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